jueves, 28 de abril de 2011

Salir con su mujer

Cistroyo era un hombre que siempre estaba muy cansado y nunca tenía de salir con su mujer, hasta que un buen día ella le dice:

- Mira Cistroyo, no se porque estás siempre tan cansado y no quieres salir, pero yo ya no puedo aguantar más y necesito un poquito de diversión.

- Vale, de acuerdo, dice Cistroyo.

En eso que salen un viernes por la noche y pasan por delante de un bar y la mujer le dice:

- Venga entremos aquí que parece que está muy bien y hay mucho ambiente.
- No, no, dice Cistroyo, no creo que aquí nos lo pasemos bien.

- He dicho que entramos y entramos.

Se van acercando los dos a la puerta y el portero con gran alegría dice:

- Hombre Cistroyo, ¿que tal?, ¿Cómo estás? encantado de volver a verte...

Cistroyo avergonzado decide entrar cabizbajo y rápido. La mujer le pregunta enseguida:

- Cistroyo, ¿cómo es que te ha reconocido este hombre?

- Hhhmmm..., es que es un primo de mi jefe, del trabajo, ¿sabes?

Se sientan en la barra y dos jovenzuelas que estaban tomando una copa reconocen a Cistroyo.

- Hombre Cistroyo, ¿qué tal?, ¿Cómo estás? muá, muá.

La mujer le vuelve a preguntar, pero Cistroyo, ¿de qué conoces a estas mujerzuelas?

- Pues mira, resulta que son unas sobrinas del jefe, tu sabes, de mi jefe...

La mujer pide al camarero y enseguida, el camarero, reconoce de muevo a Cistroyo:

- Hombre tío, ¿qué pasa?, ¿que tal, ¿como estás? encantado de volver verte.

Y la mujer, en tono triste y hecha polvo le dice:

- Cistroyo, tu me engañas, tu ya no me quieres.

- No, no, no es verdad. Resulta que este es un hermano de Miguel, el que trabaja conmigo en la empresa, ¿sabes?

- No sé, no sé. Ya no se que pensar.
al cabo de una hora deciden irse y se oye por los altavoces:

- Y ahora, demos una fuerte despedida a Cistroyo!!!! y todo el bar coreaba el nombre de Cistroyo.

Su mujer estaba destrozada, llorando le volvía a repetir.

-Tú me engañas Cistroyo, lo sé, lo puedo imaginar.

Entre los llantos de la mujer y las disculpas y excusas de Cistroyo suben a un taxi.

-Hombre que tal Cistro, ¿cómo estás? dice el taxista.

Y la mujer rompió a llorar, repitiendo una y otra vez:

- Tú me engañas Cistroyo. Tu no vas a trabajar por las noches, tu me engañas, no me quieres...

Cistroyo intentaba consolarla al tiempo que se gira el taxista y le dice:

- Oye Cistroyo, si esta señora te molesta me lo dices.

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